Andar en los caminos de Dios

Salmo 81.10-16

La mayoría de nosotros nos damos cuenta de que no hay garantía de que la vida será fácil y agradable. Pero cuando llegan la decepción o las dificultades, a menudo estamos más preocupados por encontrar una salida que por entender cómo se está moviendo Dios en nuestra situación. Un peligro de esta actitud es que podríamos dejar de darnos cuenta si nos hemos desviado del camino.

El Señor quiere que conozcamos sus caminos para que podamos andar en ellos. Pero, al igual que Israel, no lo escuchamos y, en cambio, trazamos nuestro propio camino a lo largo de la vida. Como resultado, experimentamos sufrimientos innecesarios —un alto precio por la desobediencia. Debemos recordar que, aunque andar en los caminos de Dios puede llevarnos a través de valles dolorosos, siempre contamos con su gracia para fortalecer nuestra fe y brindarnos consuelo y aliento. Pero renunciamos a esas misericordias si nos rebelamos y seguimos nuestro propio camino.

Entonces, deténgase a pensar si su vida está alineada con los caminos del Señor o con los suyos. Él siempre nos guía en santidad, sabiduría, fe y obediencia. Pero nuestros caminos son el resultado de la comodidad, el interés propio, la autopromoción y el razonamiento humano. El camino del Señor siempre es el mejor, y el nuestro suele ser costoso.

No importa dónde se encuentre usted hoy, Dios le está diciendo: “Abre tu boca, y yo la llenaré” (Sal 81.10). La imagen es la de un pajarito con el pico abierto para recibir la comida que le trae su padre. El Señor quiere alimentarle con su Palabra para que pueda aprender sus caminos. ¿Está usted listo para aprenderlos? Más importante aún, ¿está dispuesto a obedecerlos?

 

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