Un Dios en quien podemos confiar

Salmo 37.1-9

La Biblia nos exhorta una y otra vez a confiar en el Señor. Cuando los tiempos son buenos, esto no parece difícil. Sin embargo, cuando surgen las pruebas, es mucho más difícil confiar en Él.

Pero siempre es importante que pongamos nuestra confianza en el Dios viviente, en especial cuando todo lo que nos rodea parece desmoronarse. Esta pudo haber sido la situación que inspiró el Salmo 37.

En el pasaje de hoy, David menciona varias veces que no debemos inquietarnos (vv. 1, 7, 8). La angustia por una situación es lo contrario a la confianza, la cual tiene efectos negativos. Por un lado, puede afectar el bienestar físico y emocional. Alimentar preocupaciones puede llevar a actitudes incorrectas. Y al intentar resolver la situación a nuestra manera, podemos perder la mejor solución de Dios. Otra consecuencia es que nuestra angustia puede socavar nuestro testimonio del reino, al no reflejar la paz de Dios en todo lo que hagamos.

¿Cuál es, entonces, el antídoto para la preocupación y el estrés en un momento difícil? La confianza absoluta en Cristo. El Salmo 55.22 dice: “Echa sobre el Señor tu carga, y él te sustentará; él nunca permitirá que el justo sea sacudido”. Esto significa que debemos poner todas nuestras cargas a sus pies, creyendo que Él es bueno, amoroso y que tiene el control.

Cuando surgen las pruebas, ¿corre hacia el Señor o trata de manejar la situación? Quien le creó puede manejar cualquier dificultad y angustia, incluso cuando parezcan abrumadoras. Lo que Él desea es su entrega y su confianza. Es en los brazos del Señor donde encontrará descanso para su alma.

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