CÓMO RESPONDER A LAS PUERTAS CERRADAS

Cómo responder a las puertas cerradas

1 Samuel 13.1-14

Como creyentes, queremos obedecer la voluntad de Dios, pero a veces no sabemos qué camino tomar. Tal vez estamos en una encrucijada, preguntándonos cuál camino es el del Señor. O tal vez después de avanzar un poco, de repente nos encontramos con una puerta cerrada. ¿Qué debemos hacer cuando el camino por el que queremos viajar está bloqueado?

Imagínese parado junto a una de estas puertas. Primero, prueba la perilla, pero no cede. Entonces saca las llaves y busca una que encaje. Cuando eso falla, usted llama a unos amigos para preguntarles si saben cómo abrirla. Finalmente, frustrado, toma una ganzúa y abre la puerta forzándola. El problema con todos estos métodos es que no le llevarán a donde el Padre celestial quiere que usted vaya.

El rey Saúl descubrió esto cuando abrió una puerta que el Señor había cerrado. Debía haber esperado a Samuel, ya que solo los sacerdotes podían ofrecer sacrificios. Pero Saúl miró las circunstancias a su alrededor, se asustó, y decidió encargarse de eso personalmente. En vez de estar en la puerta, confiando en el Señor y esperando que Él la abriera en el momento preciso, Saúl forzó la entrada y, como resultado, perdió su reino.

Los costos de la desobediencia son siempre más altos que los beneficios de introducirse por una puerta cerrada. Si el Señor ha cerrado una entrada, es para protegerle. La respuesta correcta es esperar con paciencia y ser fiel en la situación. Con el tiempo, Él abrirá la puerta o bien le redirigirá al camino que conduce a su voluntad.

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